Las Mujeres que encendieron los faros

El silencioso legado de las pioneras: guardianas invisibles y arquitectas que, ayer y hoy, sostienen la seguridad de nuestras costas.
Dos faros y casi 200 hombres
Solo dos faros españoles llevan la firma de una arquitecta, en un mapa dominado por proyectos masculinos. Nules e Irta se convierten así en símbolos de todo lo que aún falta por iluminar.

En España hay casi 200 faros, pero solo dos de ellos fueron dibujados por la mano de una mujer. En un país rodeado de mar por casi todos sus puntos cardinales, la luz que guía a los barcos sigue teniendo, mayoritariamente, firma masculina. Sin embargo, cuando una mujer consigue colarse en ese mapa de piedra y salitre, lo hace para quedarse.
A las afueras de Nules, en Castellón, una torre blanca se alza frente al Mediterráneo como un paseo marítimo en vertical. Lo imaginó así una joven arquitecta, Blanca Lleó, cuando decidió presentarse a un concurso que abría por primera vez la puerta de los faros a los arquitectos, y no solo a los ingenieros. Ganó el proyecto y se empeñó en verlo construido: viajaba desde Madrid hasta Castellón para seguir la obra de cerca, consciente de que muchos faros proyectados sobre el papel nunca llegaban a levantarse. Hoy, su faro se ha convertido en un símbolo de identidad para la zona, aunque pocos visitantes saben que detrás está la mirada de una mujer.
Muy cerca de allí, también en Castellón, el camino de senderistas y curiosos se cruza con otra torre blanca, afilada, con planta triangular y ventanas azules que descienden por la estructura. Es el faro de Irta, en pleno parque natural, proyectado por la arquitecta Rita Lorite a finales de los años ochenta. Es el segundo y último faro español diseñado por una arquitecta. Entre casi 200, solo dos. La estadística explica por sí sola lo que celebramos el 8 de marzo.
Las últimas fareras
En la costa española, apenas unas decenas de mujeres han tenido plaza de farera, y la profesión está en vías de desaparecer. Sus relatos condensan pionerismo, soledad y una enorme vocación de servicio.
Pero la historia de las mujeres y los faros no se escribe solo en planos; también se escribe en guardias nocturnas, en temporales y en lámparas que no se pueden apagar. Mar Vidal, nacida en 1955, es la única farera que ha tenido Cantabria en toda su historia. Llegó al faro de Ajo de la mano de su marido, también farero, a finales de los 80, y entre turnos y crianza decidió prepararse las oposiciones. En 1987 logró su plaza, y desde entonces fue farera en lugares tan duros como los faros de El Caballo y El Pescador, en Santoña, hasta comienzos de los 90.
Su historia tiene algo de épico y de despedida al mismo tiempo: en 1992 se aprobó el decreto que declaraba la profesión de farero "a extinguir". Ella, que había peleado por entrar en un oficio tradicionalmente masculino, se convertía a la vez en pionera y en una de las últimas. Puedes profundizar en esta apasionante historia a través de este excelente artículo en elDiario.es. En total, en la historia de España apenas se han contabilizado 26 mujeres fareras; 26 mujeres para siglos de luz en la costa.
Cristina Fernandez no es solo una técnica; es el eslabón entre la tradición de los antiguos torreros y la precisión de la ingeniería moderna. Como técnica de sistemas de ayuda a la navegación en la Autoridad Portuaria de A Coruña, bajo su responsabilidad se encuentran gigantes de piedra como el faro de Cabo Vilán. Su trabajo no entiende de horarios ni de buen tiempo: cuando la tempestad golpea el litoral gallego, ella es quien asegura que el destello siga cortando la oscuridad, garantizando que cada navegante encuentre su camino de vuelta a casa.
En el punto más oriental de la península, donde los Pirineos se hunden en el Mediterráneo, reside una historia que se apaga lentamente. Elvira Pujol la única y última farera del Cap de Creus. Elvira ha sido la guardiana de un entorno salvaje y tramontano durante décadas. Su figura representa el fin de una era: la de los torreros que vivían dentro de la propia torre, fundiéndose con el aislamiento, el viento y el rugido del mar. Descubre la interesante información que comparte sobre ella Xavier Febrés en su blog:
Guardianas de la luz al otro lado del océano
En Estados Unidos y otros países, mujeres que llegaron al faro como esposas o hijas de fareros terminaron siendo titulares del puesto, responsables de rescates y memoria marítima. Su legado ha tardado décadas en ser reconocido.
Si ampliamos el foco más allá de nuestras fronteras, las historias se multiplican. En Estados Unidos, por ejemplo, la costa y los Grandes Lagos están llenos de nombres femeninos que durante décadas mantuvieron encendidas las linternas de los faros. Elizabeth Whitney Williams se hizo cargo del faro de Beaver Island, en el lago Michigan, cuando la salud de su marido empezó a fallar, y acabó siendo la responsable del faro y un referente para las comunidades pesqueras de la zona. Laura Hecox heredó el faro de Santa Cruz, en California, y convirtió su pasión por el mar en una labor científica, recopilando muestras y conocimiento sobre el litoral. En Santa Bárbara, Julia Williams pasó cincuenta años junto al faro, diez como esposa del primer farero y cuarenta como guardiana oficial, hasta convertirse casi en una atracción más para los visitantes que llegaban en tren a la ciudad.
Muchas de estas mujeres, como también ocurrió en España, llegaron al faro a través de la enfermedad o la muerte de sus maridos o padres. Primero asumieron las tareas de manera extraoficial, encendiendo la lámpara, vigilando el horizonte, manteniendo la maquinaria. Luego, a regañadientes, la administración reconoció lo que ya era un hecho: que ellas eran las auténticas guardianas de la luz. Algunas, como la estadounidense Ida Lewis, fueron además heroínas, acreditando decenas de rescates de náufragos, aunque sus nombres tardaran años en ser reconocidos.
Este 8 de Marzo, tambien podemos mirar a la costa.
Hablar de faros diseñados o cuidados por mujeres es también hablar de espacios clave que rara vez llevan su nombre. Mirar hacia la costa en el Día Internacional de la Mujer es recordar que la igualdad se juega también en las infraestructuras que nos dan seguridad a todos.
Este 8 de marzo, también podríamos mirar hacia la costa. Allí, entre acantilados y rocas, hay faros que cuentan otra forma de desigualdad: la de las infraestructuras que usamos todos pero casi nunca llevan nombre de mujer. Los faros de Nules e Irta, las historias de Mar Vidal, de Elizabeth Whitney Williams o de Julia Williams, nos recuerdan que, incluso en los confines del mapa, las mujeres han estado, han sostenido y han alumbrado.
Quizá la mejor forma de celebrar el Día Internacional de la Mujer sea escucharlas: a las arquitectas que se empeñaron en levantar sus proyectos cuando nadie esperaba que ganaran un concurso, a las fareras que subían y bajaban escaleras en mitad de un temporal, a las mujeres que mantuvieron encendida la luz mientras el mundo dormía. Ellas son, literalmente, las que han puesto luz en la historia.


