
Faro de Punta Martiño
Datos Generales
Localización
- España - Islas Canarias - Las Palmas- Isla de Lobos - La Oliva - Ubicación Google Maps
Características:
Altura Focal: 29 m.
Altura Soporte: 6 m.
Alcance: 26 km,
Característica Luminosa:
GpD(2) B 15s
Es decir, dos destellos blancos agrupados dentro de un ciclo de 15 segundos.
Gestiona el Faro:
- El faro pertenece a la red de señales marítimas gestionada por la Autoridad Portuaria de Las Palmas (Puertos de Las Palmas), organismo público dependiente de Puertos del Estado (Ministerio de Transportes)
Servicios y accesos
- Parking: Debes aparcar tu vehículo en Corralejo en la isla de Fuerteventura y trasladarte en barco a la isla de Lobos.
- Acceso a la Isla: Para solicitar los accesos, consultar los horarios y ver qué empresas de ferry operan hacia la isla, visita la sección "¿Se puede visitar?" o la de "Gestión y conservación".
- Acceso al faro: No se puede visitar por dentro. El acceso para el público general a toda la isla es a pie.
- Alrededores: Zona Aislada - Senderismo - Playa Próxima
- Servicios: No hay servicios en la isla
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- Tipo de Faro: F41
- Peculiaridad: Tiene el honor de ser la única edificación oficial de toda la Isla de Lobos
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El Faro: Un destino en tu ruta

La verdad es que lo que lo vuelve tan especial salta a la vista: se trata del único edificio oficial de todo un islote volcánico deshabitado, y para poder contemplarlo de cerca no queda otra que subirte a un ferri desde Corralejo. Erigido a mediados del siglo XIX sobre una colina en el extremo norte de la Isla de Lobos, justo entre Fuerteventura y Lanzarote, esta torre de piedra pintada de amarillo ha sido testigo mudo de naufragios y de la vida, casi de otra época, de la última familia que habitó este rincón remoto hasta 1968.
Ubicación: ↯
El Faro de Punta Martiño se alza en lo alto de una colina —la conocida como montaña de Martiño— justo en la punta norte del islote de Lobos, ese pequeñito territorio volcánico plantado en medio del estrecho de la Bocaina, que es el brazo de mar que divide Fuerteventura y Lanzarote. En lo administrativo, por cierto, forma parte del municipio de La Oliva, en la provincia de Las Palmas.
Y es que la Isla de Lobos es un rincón de apenas 6 kilómetros cuadrados y casi 14 kilómetros de costa salvaje, situado a solo 2 kilómetros del noreste de Fuerteventura y a unos 8 de Lanzarote. Su cumbre principal es la montaña de La Caldera, que roza los 127 metros de altura. La verdad es que el faro tiene el privilegio de ser la única edificación oficial de todo el islote, ubicándose a unos 5 kilómetros de El Puertito, el humilde embarcadero al que llegas cuando desembarcas. Además, trabaja codo con codo formando un triángulo perfecto de luces junto al Faro de El Tostón (en El Cotillo) y el de Punta Pechiguera (en Lanzarote), para guiar paso a paso a los barcos que cruzan el estrecho de la Bocaina, uno de los tramos con más tráfico marítimo de las islas.
Historia: ↯
Un proyecto con solera (siglo XIX) La necesidad de poner un punto de luz aquí no era nueva; ya aparecía reflejada en el Plan General de alumbrado marítimo de 1847 y terminó de tomar forma en el plan canario de 1857. Los planos definitivos se firmaron en 1864, contando con la firma del gran ingeniero grancanario Juan León y Castillo, una auténtica referencia en las obras portuarias de las islas.
Cinco años picando piedra en un islote desierto Las obras arrancaron hacia 1860 y se alargaron unos cinco años. La mayor parte del trabajo duro lo hicieron obreros portugueses que se instalaron en el islote, levantando un pequeño poblado de chozas de piedra en el "Llano de los Labrantes". No fue nada fácil: construir un faro en un lugar tan aislado requirió una logística tremenda. Tuvieron que abrir caminos a pico y pala hasta El Puertito, levantar corrales y excavar aljibes subterráneos para aprovechar la poca agua de lluvia —como el de la Hoya de las Lagunitas, que guardaba hasta 40.000 litros—. Cada piedra de basalto viajó a lomos de camellos, luego en barcas y finalmente sobre burros majoreros; la cal la trajeron de Fuerteventura, Lanzarote y del propio islote, mientras que la madera de tea para techos y puertas vino directamente de los pinares de Gran Canaria. La óptica y la maquinaria, por su parte, llegaron desde la Península y de Europa.
Esa primera luz de 1865 El faro se encendió por primera vez el 30 de julio de 1865. Funcionaba con una humilde lámpara de aceite de oliva que emitía una luz fija roja con un alcance de unas 9 millas náuticas, lo que lo convierte en uno de los más veteranos del archipiélago. Con los años fue evolucionando: en 1883 pasó a alimentarse de parafina y petróleo, y en 1923 dio el salto al acetileno. Ese cambio no solo casi duplicó su alcance hasta las 14 millas actuales, sino que incorporó una válvula solar automática que le ahorraba al farero la tarea diaria de encender y apagar la linterna. Entre medias, el 7 de febrero de 1905, se estrenó oficialmente una renovación importante de la óptica y del equipo técnico.
Una escritora ilustre nacida entre paredes de piedra En la primavera de 1903, el alicantino Leopoldo Plá llegó al faro de Martiño como nuevo torrero junto a su esposa, Rafaela Guerra Galvany. Apenas llevaban cinco meses allí cuando, el 9 de noviembre de 1903, nació en el propio faro su hija María Josefina Teodora. Aunque la bautizaron en Lanzarote y la registraron en Yaiza, el tiempo la llevaría hasta Paraguay, donde se consagró bajo el nombre de Josefina Plá como una de las figuras más importantes de la literatura, el periodismo y el arte paraguayo del siglo XX. Tiempo después, ella misma recordaría su infancia en el islote como «relativamente feliz», describiendo el lugar como una pequeña «verruga en el mar» en mitad de la gran aventura humana.
El farero que escribió una novela En 1913 desembarcó en el faro otro curioso personaje: el torrero José Rial. Su estancia en este rincón tan solitario le sirvió de inspiración directa para escribir y publicar, en 1926, la novela Isla de Lobos.
Antoñito el Farero, el último guardián de Lobos El capítulo más entrañable de la historia del faro tiene nombre y apellido: Antonio Hernández Páez, un gracioso que todo el mundo conocía como «Antoñito el Farero». Fue el guardián de la luz desde 1936 hasta 1968, y el último farero que habitó la Isla de Lobos. Allí vivió con su mujer y sus ocho hijos —dos de ellos nacidos en el propio faro—, y se hizo famoso por su generosidad, ofreciendo un buen plato de caldo de pescado a todo el que desembarcaba en el islote; su casa terminó siendo casi un restaurante improvisado. Cuando el faro se automatizó a finales de los sesenta, Antoñito y su familia recogieron sus cosas y el islote se quedó sin habitantes fijos para siempre. Antonio falleció en 2001, pero su recuerdo sigue muy vivo en Corralejo, donde le dedicaron una calle y el colegio CEIP Antoñito El Farero.
De hogar de fareros a refugio institucional Desde que Antoñito apagara las luces de la vivienda, el edificio ha servido puntualmente como alojamiento para personal científico y ambiental en sus visitas al Parque Natural. La verdad es que en algún momento el Cabildo planteó darle un uso más cultural o artístico, pero el proyecto nunca ha llegado a hacerse realidad.
Descripción: ↯
El conjunto del Faro de Punta Martiño tiene ese aire sobrio y elegante del estilo neoclásico civil con el que se construían los faros canarios del siglo XIX, reuniendo en un mismo edificio la torre y la antigua vivienda. La torre, hecha con piedra de basalto y con una forma cilíndrica que se va estrechando ligeramente hacia arriba, mide unos 6 metros de alto y llama la atención por su pintura amarilla. Está pegada al muro oriental de la casa —justo el lado que mira al mar— y se remata en una linterna blanca con su balconcito y su cúpula metálica.
Al lado de la torre se extiende la edificación de una sola planta que durante décadas fue el hogar de los fareros y sus familias, además de servir de refugio improvisado al ingeniero jefe cuando venía desde Las Palmas a inspeccionar el trabajo. Como en el islote no hay ni una sola gota de agua dulce, la azotea de la vivienda se diseñó con una ligera inclinación a modo de gran patio para recoger cada gota de lluvia y encauzarla directo hacia un aljibe subterráneo; un detalle de arquitectura básica para poder sobrevivir allí.
A día de hoy, eso sí, no es posible entrar ni a la torre ni a la casa. El faro funciona de forma 100 % automática, no hay personal viviendo allí ni cuenta con un centro de visitantes, así que la visita se disfruta contemplando la estructura por fuera y dejándose llevar por las vistas espectaculares de todo el entorno.
Entorno: ↯
Desde su mirador privilegiado en la montaña de Martiño, el faro domina buena parte de la estampa del islote. Si miras hacia el interior, la vista se te va hacia el saladar de Lobos, la Atalaya del Faro y toda la cadena de lomas de la zona —Morro Colorado, Morro de la Pared, Morro de Hoya Honda, Morro del Conejo y Morro de la Morada—, mientras que en los días más despejados se alcanza a ver perfectamente la costa de Lanzarote y todo el canal del estrecho de la Bocaina.
Y es que el islote entero —donde el faro se mantiene como la única edificación oficial— es un auténtico tesoro natural protegido bajo la figura del Parque Natural del Islote de Lobos. Hablamos de un paisaje volcánico prácticamente intacto que da cobijo a más de 130 especies de plantas y a una colonia impresionante de aves marinas, como la gaviota argéntea o la pardela. Por si fuera poco, los arqueólogos de la Universidad de La Laguna descubrieron hace poco que los romanos ya andaban por aquí: utilizaban el islote de forma estacional para extraer la codiciada púrpura de los moluscos.
Si te animas a subir hasta el faro, puedes aprovechar el día para conocer otros rincones geniales de Lobos:
El Puertito: el antiguo rincón de los pescadores, donde hoy se conservan unas pocas casitas que se usan sobre todo en temporada.
La playa de La Concha: una cala preciosa que se ha convertido en una de las fotos más famosas de todo el archipiélago.
La montaña de La Caldera: con sus 127 metros de altitud, se corona como el gran mirador natural de la isla para tenerlo todo a vista de pájaro.
El paseo a pie desde El Puertito hasta el faro no tiene complicación: es un camino bastante llano, bien señalizado, de algo más de 3 kilómetros que te lleva entre 35 y 50 minutos a paso tranquilo. Además, para los amantes del buceo, las aguas que se extienden justo enfrente del faro esconden un punto genial, con una plataforma de origen volcánico que cae hasta los 24 metros de profundidad
¿Se puede visitar?: ↯
Pues la verdad es que sí puedes acercarte a conocer su entorno, aunque hay varios matices súper importantes que debes tener en cuenta. El interior, tanto de la torre como de la casa anexa, permanece cerrado a cal y canto de forma permanente, ya que es una instalación 100 % automática que no cuenta con personal ni centro de visitantes. Eso sí, el camino señalizado que te lleva directo hasta allí y el mirador natural que lo rodea son totalmente accesibles para disfrutar de las vistas.
Ahora bien, para llegar hasta el faro hay que recordar que la Isla de Lobos es un Parque Natural protegido con el acceso controlado. Es obligatorio conseguir una autorización gratuita (el famoso permiso LobosPass) a través de la web oficial del Cabildo de Fuerteventura. Ten en cuenta que solo se puede solicitar con un máximo de 5 días de antelación (ni un día antes) y el aforo está limitado a 200 personas por turno —hay dos turnos al día, de 10:00 a 14:00 y de 14:00 a 18:00, sumando 400 visitantes diarios como mucho—, con un máximo de 3 personas por solicitud. El permiso es nominal e intransferible, así que te toca llevarlo encima (en el móvil o impreso) junto a tu DNI o pasaporte durante todo el recorrido.
Para plantar un pie en el islote tendrás que subirte a uno de los ferris que salen del puerto de Corralejo, que tardan entre 15 y 20 minutos con empresas como Naviera Nortour o Ferry Isla de Lobos. Una vez desembarques en El Puertito, te espera un sendero señalizado y bastante asequible de unos 35 a 50 minutos de caminata hasta la colina del faro. Eso sí, no te olvides de meter en la mochila agua de sobra, protección solar, gorra y un calzado cómodo, porque en todo el islote no vas a encontrar ni una sola sombra ni servicios donde comprar nada.
Para tramitar tu autorización de acceso a la Isla de Lobos:
Web oficial (LobosPass): lobospass.com
Correo de soporte: soporte@lobospass.com
Cabildo de Fuerteventura: cabildofuer.es | Teléfono: (+34) 928 86 23 00


Curiosidades
- El nombre «Martiño» tiene un claro origen portugués: viene de São Martinho (San Martín) como un bonito guiño a los trabajadores portugueses que sudaron la gota gorda construyendo el faro y que vivieron una temporada en el islote.
- Tiene el honor de ser la única edificación oficial de toda la Isla de Lobos; no vas a encontrar allí ni pueblos, ni carreteras asfaltadas, ni ningún otro edificio permanente que no sea el propio faro y su casita anexa.
- En sus dependencias nació en 1903 Josefina Plá, hija del farero de entonces, una mujer polifacética —escritora, poeta, dramaturga y ceramista— que terminaría convirtiéndose en un referente cultural clave del siglo XX en Paraguay.
- La vida solitaria del lugar inspiró al farero José Rial a escribir en 1926 la novela Isla de Lobos, basada directamente en las vivencias que acumuló cuidando la luz desde 1913.
- Antonio Hernández Páez, a quien todo el mundo llamaba «Antoñito el Farero», fue el último guardián del faro (de 1936 a 1968). Crió allí a sus ocho hijos —dos de ellos nacidos entre esas paredes— y se hizo famosísimo por su generosidad al recibir a los visitantes con un plato de caldo de pescado caliente; hoy hasta un colegio de Corralejo lleva su nombre para recordarle.
- Desde que la instalación se automatizó a finales de los años sesenta y la familia de Antoñito recogió sus cosas, nadie más ha vuelto a vivir de forma permanente en la Isla de Lobos.
- En los tiempos previos al GPS, trabajaba codo con codo con los faros de El Tostón y Pechiguera, formando un trío de luces fundamental para que los barcos calcularan su posición al cruzar el estrecho de la Bocaina.
- La historia de su construcción tiene su miga: las piedras de basalto tuvieron que viajar primero a lomos de camellos, cruzar el mar en pequeñas barcas y rematar el trayecto cargadas sobre burros majoreros.
- Por cierto, el islote le debe su nombre a las antiguas focas monje —a las que los marineros llamaban popularmente «lobos marinos»—, que poblaban sus orillas en el pasado y que por desgracia hoy ya no se dejan ver por la zona.

Video de YouTube
Gestión y conservación
El Faro está gestionado y administrado por la Autoridad Portuaria de Las Palmas (Puertos de Las Palmas), un organismo público dependiente del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno de España.
Datos de Contacto de Autoridad Portuaria de Las Palmas (Puertos de Las Palmas)
- Tomás Quevedo Ramírez, s/n, 35008 Las Palmas de Gran Canaria.
- palmasport.es
- Teléfono centralita: 928 21 44 00.
Para tramitar tu autorización de acceso a la Isla de Lobos:
Web oficial (LobosPass): lobospass.com
Correo de soporte: soporte@lobospass.com
Cabildo de Fuerteventura: cabildofuer.es | Teléfono: (+34) 928 86 23 00







