Faro de Puerto de la Cruz

Datos Generales

Localización

Características:

  • Altura Focal: 31 m.

  • Altura Soporte:  27 m.

  • Alcance: 32 km,  

Característica Luminosa:

  • Gp. D.(2) B 7s

  • Emite dos destellos blancos dentro de un ciclo de siete segundos. 

Gestiona el Faro:

  • El faro pertenece a la red de señales marítimas gestionada por la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, organismo público dependiente de Puertos del Estado (Ministerio de Transportes)

Servicios y accesos

  • Parking: Hay una zona de Parking muy cerca del recinto.
  • Acceso al faro:   No se puede visitar por dentro. El acceso para el público general está limitado únicamente al área circundante del faro, es decir, puedes acercarte hasta la puerta del recinto, pero no es posible entrar ni subir a la torre del faro.
  • Alrededores:   Zona Urbana - Zona de Paseo - Playa Próxima
  • Servicios:  Hay servicios en las proximidades del faro

Rutas con este Faro

Ruta 181C Canarias: 


Descubre los alrededores:


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  • Tipo de Faro: F10
  • — ☀ —

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El Faro: Un destino en tu ruta

El Faro de Puerto de la Cruz es, con toda probabilidad, una de las señales marítimas más fáciles de localizar en toda la geografía tinerfeña. Aquí no te hará falta serpentear por una carretera olvidada ni patear durante horas para tenerlo enfrente: se levanta casi en el corazón mismo de la ciudad, coqueteando con la línea de costa y el histórico enclave portuario. Pero no te equivoques, porque que sea tan accesible no le resta un ápice de personalidad. Más bien al contrario.

Su silueta rompe de lleno con el arquetipo de faro que todos llevamos en la cabeza. Nada de la típica torre cilíndrica de mampostería coronada por su linterna ni de la clásica casona para el farero: lo que aquí te sale al encuentro es una vanguardista estructura de hormigón armado de líneas rectas y corte cuadrangular, en cuyo interior se intuye una torre cilíndrica vestida con vistosas franjas rojas y blancas.

Ubicación:  ↯ 

Es una de las siete luces que vigilan el litoral tinerfeño, ocupando el tramo central de la franja norte: si miras hacia el noreste, en dirección a La Laguna, te topas con el faro de Punta del Hidalgo, mientras que hacia el oeste, rumbo a Buenavista del Norte, le guarda las espaldas el faro de Buenavista. 

El propio Puerto de la Cruz, con sus ajustados 8,7 km², ostenta el título del municipio más pequeño de toda la isla, asentado en el histórico Valle de la Orotava y con la imponente silueta del Teide (3.718 m) dibujándose al fondo. Su clima envidiable, con termómetros que se mimetizan entre los 15 ºC y los 22 ºC durante todo el año, lo catapultó ya en pleno siglo XIX —y bajo la recomendación expresa de la Sociedad Médica Británica— como el pionero del turismo en Canarias, siendo reconocido como Lugar de Interés Turístico Nacional en 1955. La llegada desde el Aeropuerto Tenerife Norte es comodísima, a apenas 25-30 minutos por la autopista TF-5.

Historia:  ↯

La historia de este faro tampoco tiene nada que ver con antiguas historias de torreros ni quinqués de petróleo: es una creación cien por cien fruto del Tenerife de finales del siglo XX. Fue a finales de los años ochenta cuando se aprobó un nuevo plan para reforzar la señalización marítima de Canarias, ideado para asegurar que cualquier navegante tuviera siempre a la vista los destellos de al menos dos faros por cada dos millas de litoral. Aquella iniciativa añadió nueve torres al mapa de las dieciocho que ya operaban en las islas, dando vida en el norte tinerfeño a tres señales inéditas: la de Punta del Hidalgo, la de Buenavista y esta del Puerto de la Cruz, todas ellas emparentadas además con el Faro de Castillete en Gran Canaria y los de Arenas Blancas y Punta Lava en La Palma.

Las obras se iniciaron en 1991, la estructura quedó concluida en 1995 y la luz se encendió oficialmente por primera vez en 1996. A diferencia de iconos centenarios como los faros de Anaga o Punta de Teno, aquí no se levantó para sustituir a ninguna torre previa ni para albergar la vivienda de un guardián: nació desde el primer momento como una instalación moderna y completamente automatizada. Además, vio la luz en una ciudad que llevaba ya más de un siglo volcada con el turismo. Y es que el Puerto de la Cruz había sido recomendado como refugio de salud por la mismísima Sociedad Médica Británica en el siglo XIX, mucho antes de que existiera un solo hotel en el resto de Canarias, de modo que este faro se integró en un paisaje que ya disfrutaba del Atlántico de una forma distinta: la del descanso, la salud y el turismo, y no solo la del tráfico marítimo comercial.

Descripción:  ↯ 

Olvídate de la clásica estampa del faro de bandas blancas y rojas rematado por una linterna redonda al borde de un acantilado: este de Puerto de la Cruz es, ante todo, una pieza de arquitectura contemporánea con un diseño deliberadamente rompedor. Su volumen exterior se presenta como una torre cuadrangular de tonalidad oscura —entre el negro y un pardo muy profundo, según con qué ojos lo mires—, luciendo una fachada rectangular trabajada casi como una escultura de vanguardia, con vanos geométricos que juegan a simular ventanas para aportarle un toque aún más sofisticado.

Pero lo más curioso está en su interior, donde guarda un secreto: en su corazón esconde una segunda torre, esta sí cilíndrica y pintada con las tradicionales bandas rojas y blancas, abrazada por una estilizada escalera de trazo modernista que trepa hasta la óptica. La propia Autoridad Portuaria sintetiza su impacto con una frase de lo más reveladora: «su aspecto es extraño y difiere de la forma habitual de un faro».

Toda la estructura, levantada en sólido hormigón armado para plantar cara al azote constante del oleaje atlántico, se erige prácticamente a pie de calle. Se encuentra abrazada por una amplia explanada de estacionamiento donde suelen reunirse coches y autocaravanas, funcionado en la práctica como un mirador improvisado para contemplar la fuerza del mar en la costa norte de la isla.

Entorno:  ↯ 

El Puerto de la Cruz es muchísimo más que su faro. A escasos pasos de su peana se despliega el precioso complejo de Playa Jardín, compuesto por los arenales de Playa del Castillo, Playa Chica (o del Charcón) y Punta Brava. Esta franja de fina arena volcánica negra fue moldeada en los noventa bajo la genial visión de César Manrique, quien supo integrar con maestría cascadas, senderos de piedra y exuberantes jardines de flora autóctona en un tramo de costa que antes era puramente rocoso y embravecido; un entorno privilegiado que luce la Bandera Azul desde 2019.

Continuando el paseo marítimo hacia el este, van saliendo al paso otros grandes emblemas de la ciudad: el célebre Lago Martiánez —también con el sello inconfundible de Manrique—, con sus espectaculares piscinas y terrazas asomadas al Atlántico; la coqueta ermita y el mirador de San Telmo; y el histórico Castillo de San Felipe, un baluarte del siglo XVI levantado para defender la costa de las incursiones piratas y catalogado hoy como Monumento Histórico-Artístico. Tierra adentro, el pintoresco barrio marinero de La Ranilla conserva vivas sus fachadas tradicionales, aderezadas ahora con coloridos murales de arte urbano y ese encanto auténtico del antiguo pueblo pescador, mientras que la animada Plaza del Charco continúa siendo el gran punto de encuentro local. Y para completar el abanico de planes, muy cerca, en Punta Brava, abre sus puertas Loro Parque, uno de los grandes imanes turísticos de toda Tenerife

¿Se puede visitar?:  ↯ 

Olvídate de la clásica estampa del faro de bandas blancas y rojas rematado por una linterna redonda al borde de un acantilado: este de Puerto de la Cruz es, ante todo, una pieza de arquitectura contemporánea con un diseño deliberadamente rompedor. Su volumen exterior se presenta como una torre cuadrangular de tonalidad oscura —entre el negro y un pardo muy profundo, según con qué ojos lo mires—, luciendo una fachada rectangular trabajada casi como una escultura de vanguardia, con vanos geométricos que juegan a simular ventanas para aportarle un toque aún más sofisticado.

Pero lo más curioso está en su interior, donde guarda un secreto: en su corazón esconde una segunda torre, esta sí cilíndrica y pintada con las tradicionales bandas rojas y blancas, abrazada por una estilizada escalera de trazo modernista que trepa hasta la óptica. La propia Autoridad Portuaria sintetiza su impacto con una frase de lo más reveladora: «su aspecto es extraño y difiere de la forma habitual de un faro».

Toda la estructura, levantada en sólido hormigón armado para plantar cara al azote constante del oleaje atlántico, se erige prácticamente a pie de calle. Se encuentra abrazada por una amplia explanada de estacionamiento donde suelen reunirse coches y autocaravanas, funcionado en la práctica como un mirador improvisado para contemplar la fuerza del mar en la costa norte de la isla.


Curiosidades

  • Al contemplar el horizonte costero a ambos lados de la torre, se completa el mapa de las señales marítimas del norte tinerfeño: hacia el este, dirección La Laguna, se divisa el vanguardista faro de Punta del Hidalgo; hacia el oeste, rumbo a Buenavista del Norte, el no menos singular faro de Buenavista, cerrando así un fascinante tríptico de luces contemporáneas proyectadas bajo el mismo plan de modernización de los años noventa.
  • Resulta de lo más curioso que sea la propia Autoridad Portuaria la que, en su documentación oficial, admita sin rodeos que la torre tiene un aspecto «extraño» que «difiere de la forma habitual de un faro»: no es nada común que un organismo público califique así una de sus infraestructuras, lo que da una idea muy clara de lo rompedor de su propuesta arquitectónica.
  • Otro detalle de lo más singular es su localización: presume de ser, con diferencia, uno de los faros más accesibles de todo el archipiélago canario, al hallarse plantado literalmente dentro de un aparcamiento público de uso cotidiano, sin necesidad de patear por senderos angostos ni transitar por pistas de tierra, como sí exige la aventura hacia los faros de Punta de Teno o Anaga.
  • Su lenguaje estético no es una extravagancia aislada: forma parte de una verdadera «familia» de faros de vanguardia levantados en Canarias durante la década de los noventa. Comparte genes de diseño con las torres de Punta del Hidalgo y Buenavista en Tenerife, el Faro de Castillete en Gran Canaria, y los de Arenas Blancas y Punta Lava en La Palma, todos con una personalidad marcadamente rupturista frente al canon clásico de piedra del siglo XIX.
  • Llama poderosamente la atención el juego de contrastes entre su envolvente exterior y su alma interior: por fuera se presenta como una torre negra, angulosa y casi enigmática; por dentro, en cambio, guarda una estructura cilíndrica pintada con las franjas rojas y blancas más tradicionales del universo marinero, como si el arquitecto se hubiera divertido escondiendo un faro clásico dentro de un envoltorio futurista.
  • Y conviene no perder de vista la historia del lugar: el Puerto de la Cruz fue el destino pionero del turismo en Canarias, recomendado por la comunidad médica británica desde el siglo XIX por las virtudes de su clima. Así, esta torre de apenas tres décadas de vida se integra en una franja litoral que llevaba ya siglo y medio dedicada al bienestar y al descanso mucho antes de que se encendiera en ella cualquier señal de navegación moderna.


Gestión y conservación

El Faro está gestionado y administrado por la Autoridad Portuaria deSanta Cruz de Tenerife, un organismo público dependiente del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno de España.

Datos de Contacto de Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife 

    Huellas

    Nuestro agradecimiento a todos los viajeros de la Ruta 181 por compartir sus imágenes y ayudarnos a mostrar la belleza de cada rincón.