La jubilación también puede ser un punto de partida

27.02.2026

Cuando el reloj deja de mandar

Durante años nos han hecho creer que la jubilación es una línea de meta. Que después de cruzarla todo va más despacio, o directamente se detiene. En mi caso ocurrió justo lo contrario. Fue como si, de repente, alguien me devolviera algo que llevaba tiempo echando de menos: el tiempo para mí.

Con los días sin reloj y la tranquilidad de no tener que mirar el calendario, volvió una idea que siempre había estado ahí. La moto. La carretera. El viaje. Y, por primera vez, también la posibilidad real de salir fuera, de cruzar fronteras sin la presión de contar días ni regresar con prisa. Así que hice lo más sencillo y lo más honesto: cargué la moto y me puse en marcha.

La excusa perfecta: seguir luces en el mapa

Viajar así cambia la forma de mirar. Ya no se trata de llegar, sino de seguir. De enlazar jornadas, de dejar que el camino marque el ritmo. Pero incluso viajando sin prisas, uno necesita una excusa para avanzar, un hilo conductor que dé sentido a tantos kilómetros. La mía apareció casi sin buscarla: los faros.

Los faros siempre están donde la tierra se acaba y el horizonte se abre. En costas espectaculares, acantilados solitarios, islas pequeñas y pueblos que el turismo masivo pasó de largo. Muchos de ellos están en lugares discretos, casi olvidados, y quizá por eso conservan algo auténtico. No hay masificación ni ruido, solo carreteras secundarias, paisajes abiertos y personas locales que aún tienen tiempo para conversar

Ruta 181: una forma de viajar

Viajar de faro en faro me llevó a crear lo que hoy es Ruta 181. No como un recorrido cerrado, sino como una forma de viajar: siguiendo la costa, buscando luces en el mapa y dejando espacio para los desvíos que merecen la pena. Rutas que no nacen de un despacho, sino de haberlas recorrido despacio, con curiosidad y respeto.

En el camino he descubierto lugares fantásticos. Carreteras que parecen dibujadas para disfrutarlas sin prisas, rincones donde parar el motor y quedarse un rato en silencio, y encuentros sencillos con gente local que te habla de su tierra como quien comparte algo valioso. Son viajes que no se miden en kilómetros, sino en momentos.

Antes de que el tiempo ponga límites

Y luego está el faro. Llegar hasta él siempre tiene algo especial. Aparcas, te quitas el casco, miras al mar… y entiendes que no es un final, sino una recompensa. Una luz que te recuerda por qué saliste a rodar.

Sé que llegará un momento en el que ya no podré hacer este tipo de viajes. La edad pone límites, el cuerpo también… y ya sabemos que a partir de los 75 años incluso los seguros empiezan a ponerte trabas. Pero cuando ese día llegue, tendré algo muy claro: habrá merecido la pena.

La mejor etapa para arrancar

Por eso, si estás jubilado —o a punto de estarlo— y te preguntas qué hacer con esta nueva etapa, mi mensaje es sencillo: sal a viajar. Hazlo en moto, como yo, o en coche, o en camper. Recorrer la Ruta 181 no va de un vehículo concreto, va de una actitud: viajar con tiempo, con calma y con la libertad de elegir siempre el siguiente faro.

Porque la jubilación no tiene por qué ser el final del camino.

Puede ser, perfectamente, el momento de seguir la costa, dejarse guiar por la luz y descubrir que, cuando parece que todo se acaba…

...en realidad, el viaje continúa.